Por Mayaz

En mi pensamiento se entreveran las ideas. El ruido constante del motor del camión me acompaña. Cierro los ojos por temor al desprendimiento. Y comienzo a divagar. El modo de producción capitalista tiene sólo dos clases económicas: capitalistas y obreros.

Los capitalistas poseen los medios de producción, los obreros sólo tienen la fuerza de trabajo; los obreros acuden cada día a la fábrica, a la planta, a la nave, etc., le dan crédito al capitalista, pues éste les ha de pagar hasta que se han acumulado 7 jornadas (semanal), 15 jornadas (quincenal), hasta 60 jornadas (bimensual), pues aún eso es legal.

Ese obrero le da su fuerza de trabajo al capitalista con una promesa de pago. Si esto no fuera suficiente abuso, aún hay más atropello, que también es completamente legal.

La jornada de trabajo se divide en tiempo necesario y tiempo excedente.  ¿A qué nos referimos con esto? Bien, el tiempo necesario corresponde a la parte de lo producido que se emplea para recuperar la capacidad de trabajo del obrero y brindar a su familia las condiciones de vida básicas para subsistir. Ésta se le entrega al obrero como salario.

El tiempo excedente es la parte de la producción que se apropia el capitalista, por el hecho de ser dueño de los medios de producción, el capitalista afanosamente busca que éste tiempo sea cada vez mayor, pugna para que el obrero entre antes a iniciar su jornada, para que tenga más intensidad en el desarrollo de la labor, para que haya avances tecnológicos que aceleren la producción, etc.

Por lograr incrementar lo más que pueda su ganancia, esta pugna que el capitalista promueve entre el tiempo excedente y el necesario es una manifestación de la lucha de clases. Con ella se mantiene controlado al salario. No solamente, pero es un mecanismo muy efectivo para ello.

Ese salario que mencionamos se convierte en lo cotidiano, en mercancías, esas mercancías son medios de vida para el obrero y para su familia. Pero en ese día a día, en donde el obrero acude a su lugar de trabajo: él trabaja, él transforma lo que le han proporcionado. Todo aquello que le dieron está muerto, lo rehabilita, lo convierte en algo distinto, eso que se obtiene tiene lo viejo, lo nuevo que le han puesto y lo totalmente nuevo. ¿Cómo es eso?

Pues, con la maravilla que es la fuerza de trabajo, a este obrero le dan materias primas y le dan materias auxiliares, ellas tienen trabajo pretérito, el obrero imprime en ellas trabajo presente, además, les pone trabajo nuevo, totalmente nuevo.

Te has preguntado ¿Por qué los trabajadores, por más afanosos que sean no se hacen ricos? Pues aquí tienes la respuesta: el trabajador crea trabajo, el único elemento que entra a la producción sin tener límite establecido; así, unas tablas serán siempre eso, un tanto de clavos, alguna cantidad de pintura, un serrucho, un martillo; serán siempre eso, con ellos se hará una mesa de un tamaño determinado, pero la fuerza de trabajo que la transformó lo hará dándole más, mucho más, de lo que en un inicio había (en cuanto al trabajo).

Esta es la base material para poder vender a la mesa en más de lo que costó: lo que se invirtió en hacerla (madera, clavos, herramienta, etc. lo que se invirtió en pagarle al obrero ¿Será?). Pero de esto que se ha gastado y que es recuperado completamente debe salir la ganancia, todo negocio debe tener ganancia.

Sin ganancia no hay negocio. Pues sí, así es, pero el negocio es quedarse con esa parte del trabajo que se apropia porque se es el dueño de los medios de producción, sólo por eso. Esto es el capitalismo[i] en su expresión más pura.

En México padecemos y sufrimos una formación económica social sui generis, ésta tiene restos de las estructuras indígenas sobrevivientes, capital ficticio relacionado con las familias que controlan el destino de nuestro país, por decir lo menos; así como inversores pequeños y grandes.

En México conviven los caciques engendrados y paridos por la llamada revolución mexicana con los “potentados señores del narco”. También conviven los bobalicones (conocidos como clase medieros, los pequeñoburgueses, pues) en una mezcla atroz.

Se puede observar al pequeño propietario del campo con más tierra en las uñas que para sembrar, versus la Nestlé terrateniente con tufo de aires de la aristocracia porfirista. Un obrero de la “aristocracia proletaria” ganando 30’000.00 pesos al mes ¡habrase visto! frente a un obrero también, pero de maquiladora, que a lo más llega a los 8’000.00 en el mismo periodo.

O ya de plano un jornalero de San Quintín que acusa condiciones casi esclavistas para trabajar. Una indígena que prácticamente esté “acasillada” realizando labores domésticas en Santa Fe en la ahora Ciudad de México. Todos ellos, con todo, trabajan en condiciones pésimas, lo que sea, pero trabajan, en esa mezcla que tenemos de formas de empleo, trabajos, condiciones capitalistas y no: en la Formación Económico Social, pues. Bien, los que “a lo menos” pueden sobrellevarla.

Ahora veamos a esa parte de la población que no tiene empleo, trabajo, actividad alguna que lo integre al sistema, que le dé un lugar en la economía del país. Las esclavas del poder secuestradas y prácticamente desaparecidas al ser sometidas a jornadas de sexo servicio por hasta 16 horas diariamente.

Los que se “integran” a la estructura de poder del narcotráfico: “grameros”, “halcones”, “sembradores”, “narquitos”, etc. Los hombres y mujeres de la calle, que ante la imposibilidad de incorporarse al sistema económico se convierten en “prescindibles”.

Todos ellos son los “SIN”: sin casa, sin trabajo, sin salud, sin escuela, sin alimento, sin ropa, sin esperanza, sin vida; ¡Ah no!, con vida, pues de que sobreviven, lo hacen, sobreviven, ¡aunque no sepamos cómo! Los que no deben vivir, pero viven. Los que no deben existir, pero existen.

Estos, los prescindibles ejercen presión en la producción. Para la producción son necesarios; aportan la baja del salario, el despido masivo, son la amenaza para sus compañeros: “¡O trabajas como te lo exijo o te despido, al fin y al cabo, hay muchos afuera para sustituirte! Así que en un abrir y cerrar de ojos ese obrero se convierte en “prescindible” (pasa un tiempo, entra-sale de la producción, entra-sale con más tiempo afuera, entra-sale con mucho más tiempo afuera, ya de plano no entra otra vez.

Con este discernir llegamos al objeto de nuestra atención: los prescindibles que emigran. Aquellos que no vieron que hacer en su tierra. Que pensaron era mejor la chinga del otro lado del río ganando en dólares. Los que dejaron todo porque no tenían nada.

Los que se llevaron la vida esa que poco a poco les ha arrebatado los gringos, en sus 20, 30 o más años explotándolos. Los jóvenes en México que son los que más emigran lo hacen con sueños, pues aquí en su tierra no tienen futuro. Eso es lo que llegan a pensar con más frecuencia. En que trabajarían los que ya no son “Ninis”, porque les dieron una beca Benito Juárez. Ahora se van a reunir con sus parientes “del otro lado”, al menos siendo mayores de edad, pero sólo eso. Van a la chamba, a ganarse la vida, a acabarse físicamente con los gringos.

Where we are from no nos rajamos/ De donde somos no nos rajamos

And what dream of lo realizamos/ Y cualquier sueño lo realizamos

Gran paisano hermano amigo

Soy mexicano

Los migrantes no son todos iguales. Les va de la fregada sí a todos, pero unos se acomodan más que otros. Los que alcanzan un trabajo con mucho desgaste pero que mandan a los hijos a la escuela y compran casa, coche. Esos son los de la canción orgullosos de sus raíces, de su origen y que, además van a seguir en Estados Unidos haciendo “la lucha” para no ser regresados, no ser deportados.

Los que lo hicieron (emigrar) hace cuarenta años y ahora tienen hijos gringos, que ya tienen hijos están trabajando en puestos que “ni los negros quieren” dirían en otros tiempos. Ellos son los que aportan a la economía pagando impuestos, consumiendo, comprando viviendas, usando gasolina en sus carros también comprados allá.

Esos son los indocumentados a los que les canta el supuesto himno mencionado. Pero esos no son todos los migrantes. La presión que se ejerce en el salario es a la baja y es muy alta. Eso es lo que hace Trump con sus amenazas de deportaciones masivas, sólo enviando apenas unos cuantos de regreso.

Eso sí, logrando una disminución del ya mermado pago que le dan a los indocumentados. Una elevación muy significativa de la cuota de ganancia del propietario. A además la humillación, la degradación de los derechos humanos, el robo de las propiedades que tendrá que ser abandonadas, el pago a los abogados gandayas que se aprovecharan de la situación; todo lo secundario (pero importante) que provocan las amenazas del presidente de los estados Unidos de América. Bueno la ganancia va de gane.

Siguen pasando las estaciones, bajan y suben diferentes pasajeros. El final ha llegado desciendo del autobús. Mañana será otro día.

[i]El capitalismo es un modo de producción, este como tal no existe en ninguna parte del mundo, lo que conocemos, lo que vivimos, es una formación económico-social. Dicha formación tiene reminiscencias de varios modos de producción, también puede tener trazas de manifestaciones únicas.

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