Por Jorge Álvarez Méndez

Francia y Reino Unido han sido fortalezas inexpugnables para conformargobiernos con partidos de izquierda al frente. Se experimenta una hasta ahora irrefrenable fascistización en lo social, atajada por lo pronto en lo político-institucional.

Se festejó en los medios progresistas el triunfo parlamentario del Nuevo Frente Popular (NFP) en Francia y del laborismo en Inglaterra. Sólo por sus sistemas representativos han tenido visos victoriosos los resultados electorales. Al no ser proporcional la votación a su presencia en el parlamento (Asamblea Nacional) es que obtuvieron mayores escaños los candidatos de la coalición izquierdista francesa con 182 diputados contra los 143 de la neofascista Agrupación Nacional (AN) y los 163 de la oficialista Alianza Ensamble. Políticamente la izquierda queda con un tercio de la representación legislativa, pero en lo gubernamental puede nombrar al primer ministro.

Cantos de la Internacional por una festiva multitud en París y discursos triunfalistas. En la otra cara de la contienda, aparece descarnado el rostro del fascismo a nivel de mayoría política y social. AN catapultó sus diputaciones de 89 a 143: sus votos registraron un avance de 3.5 millones en 2022 a 10.1 millones en 2024, con ello casi triplicó su votación en las legislativas. En la segunda vuelta sólo el retiro de candidaturas por la coalición de izquierda para favorecer al oficialismo (y viceversa) taponeó los triunfos de las huestes de Le Pen.

Dada la violenta ofensiva del gran capital contra los trabajadores en el incremento de la edad jubilatoria, en los recortes al gasto social educativo y de salud, la mayor explotación (precarización laboral), la clase obrera se ha ido decantando por la extrema derecha que agita el espantajo de los trabajadores inmigrantes como los enemigos. Resabios del imperio colonial instalados en la consciencia de los propios dominados al asumir como enemigos propios a las víctimas del saqueo colonialista, acudiendo en oleadas imparables a la metrópoli capitalista. Se entremezclan generaciones de nacidos ya en Francia con los llegados año tras año.

De modo que la administración neoliberal de la crisis capitalista sólo ha recrudecido la explotación de los trabajadores y aumentado la población excedentaria a sus necesidades directas de acumulación. Lo que no puede explotar tiende a aniquilarlo en una guerra operada como limpieza social. Desde que el Partido Socialista con Miterrand declinara del Estado social, y los subsiguientes gobiernos abiertamente de derecha, hasta llegar a la presidencia de Macron (alto funcionario de Rothschild & Cie), el surgimiento de una fuerza como AN ha crecido bajo el discurso nacionalista y contrario a la élite globalista, todo en la mera formalidad.

Una causa atribuida a la fascistización de la clase obrera -planteada en términos electorales- es la desindustrialización de periferias urbanas que estaría supuestamente liquidando como tal a la clase obrera. En una relación mecánica, al perder sus trabajos o volcarse a empleos informales y precarios, se convertirían en base electoral de AN.

Resulta explicación incompleta por no considerar el arriamiento de banderas realizado por el eurocomunismo que claudicó y traicionó la organización de la clase obrera para luchar contra el capitalismo. Al deslindarse de un programa político de lucha por el poder, naufragó en el pragmatismo hasta diluirse en la testimonialidad. El espacio vacío de izquierda lo fue llenando Francia Insumisa desde una postura contra la austeridad decretada por la Unión Europea en un espectro muy amplio de reformas antineoliberales.

Las tesis sobre la inmaterialidad del trabajo o sobre el crecimiento del sector servicios han distorsionado el entendimiento sobre el fondo de la cuestión social como es la producción de plusvalía y las condiciones para su realización en la circulación. Son momentos articulados de la explotación, no asumidos así cuando se elevan las luchas sociales al plano de la identidad porque se pone en duda su representación por un programa político de la clase obrera. Como si el informático que procesa datos no estuviera inmiscuido en el proceso global de explotación o el repartidor o conductor de Uber se encontraran fuera de la realización de plusvalía. En esos y más casos se concreta la existencia del capital como relación social de explotación y dominación hacia quienes venden su fuerza de trabajo. Con ello se valida la necesidad de organizar la lucha contra el capitalismo.

En los países imperialistas como Francia, que extraen plusvalía en otros lugares del orbe, se evapora discursivamente la lucha de clases, al lograrse en ciertos segmentos de la clase obrera un nivel de vida más alto. Se establece un rejuego de lucha por las identidades sexuales, migrantes, culturales, en un sentido progresista de fragmentación de la clase explotada en un mismo frente. En el sentido reaccionario se les funde en un pueblo-nación opuesto a las consecuencias de la crisis capitalista como lo hace la retórica de Le Pen para atraer a la clase obrera sin un polo de clase en sí.

A ello contribuyeron a su modo y alcance, la intelectualidad francesa desde el existencialismo, pasando por la deconstrucción, hasta la microfísica foucaultiana del poder y demás derivas sociológicas y filosóficas posmodernas, con tesis subjetivistas de evasión abierta sobre las contradicciones del capitalismo, y específicamente del imperialismo por la posición estructural de Francia en la OTAN y la Unión Europea.

Es sintomático del desclasamiento de la izquierda el triunfalismo emanado de los resultados electorales en Francia e Inglaterra, cuando un triunfo político sería no únicamente ser mayoría política y social. También lo sería el avance en lo organizativo que ha dado pie a las movilizaciones antirracistas, contra la violencia policiaca y por las demandas económicas de los importantes sindicatos. Sobre terreno ideológico del hiperindividualismo, la xenofobia, la exaltación de la competencia, el militarismo otanista, es que el neoliberalismo ha permitido la cosecha de los frutos podridos del fascismo por la Agrupación Nacional.

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