Por: Mariana Bautista

Te alcanzó tu enemiga poco a poco

y te envolvió en sus telas como con un disfraz de lluviosos andrajos.

Saliste victoriosa en el irreversible juego de no estar.

-Olga Orozco-

Lo escuchaba de nuevo: ¡Mamaaaá! ¡Ayudaaa!, ¡por aquiiiiií!, yo sentía que estaba muy cerca, tenía miedo, no quería saber qué le pasaba, pero cada vez la sentía cerca, de pronto una gran fuerza sobre mis piernas me obligaba a detenerme, después esa misma fuerza hundía mis pies descalzos en la tierra húmeda, dentro de mí sentía una gran desesperación por alzar mis piernas y correr a rescatarla, pues sus gritos no habían cesado, utilizaba toda mi fuerza, pero sólo no lograba despabilarme.

Mi corazón palpitaba rápidamente y mi respiración estaba muy agitada, no sé si había gritado antes de regresar a la realidad, pero en cuanto abrí mis ojos podía observar cómo me miraba Mago con sus ojitos tan abiertos, ambas nos distinguíamos entre la oscuridad que cubría toda la casa, entonces le pedí que se acercara y de inmediato se arrimó a mi costado, extendió su brazo y colocándolo sobre mi vientre me dijo: yo sé que soñabas con ella, ten calma y fe porque la vamos a encontrar, quizá ella va a regresar, a lo mejor olvidó el camino para regresar a casa, pero se va a acordar. Tomé su brazo y le pedí que volviera a dormir.

Desearía que en algo de lo que decía tuviera razón, pero la realidad es que me la robaron y la cosa pintaba a que jamás la volvería a ver, de un momento a otro la perdí y jamás me lo voy a perdonar. Ahora tengo que cuidar a Mago, la hija que me queda no me la van a robar. Me sentía ya muy cansada y con sueño, pero tenía miedo de volver a dormir porque estaba segura de que mi pesadilla volvería en cuanto conciliara el sueño.

Mientras me mantengo despierta, me pregunto cuántas mujeres hemos pasado por inclemente tragedia de perder a un ser amado como lo era mi hija, cuántas de nosotras jamás las volveremos a ver, cuántas nos pasamos noches en vela y con lágrimas tras lágrimas que no podemos evitar, tremendo dolor y desesperación que no expira.

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